
La vida pasa como un sueño breve
que dura lo que dura una mirada,
fugaz como el relámpago de nieve
que una imagen rescata de la nada:
Besos furtivos, gestos, soledades,
nostalgias sepias del amor perdido;
Calles insomnes, mágicas ciudades salvadas del naufragio del olvido.
Del fuego aquel nos queda el sueño roto
de lo que somos y de lo que fuimos.
Pues cada vez que miramos una foto,
volvemos a vivir lo que vivimos.
Y entonces, en el tiempo en que se acabe la zozobra
del sueño de las noches y los días,
Podrán otros mirar las huellas de nuestra obra
en la eternidad de las fotografías.